jueves, 7 de abril de 2011

El desesperado reino del amor

“Déjame sólo un poco de mí mismo para que pueda llamarte mi todo”.
(Rabindranath Tagore)


Piensa en mí e imagíname con los ojos brillantes y los labios ligeramente abiertos entornando una mueca de asombro, porque así es como me quedo cada vez que te veo, real o imaginariamente.
Te siento cerca. Sé que me observas desde algún punto de este planeta. Puede que incluso ahora mismo me estés hablando y yo sea incapaz de escucharte. Por eso necesito escribirte, para que tengas la constancia de que te quiero y continuamente pienso en ti.
Mientras escribo estas palabras, dentro de mí todo está igual pero fuera llueve, lo sé porque me lo dicen las gotas que se escurren como lágrimas por la ventana. Hacen que me quede pasmada con este acto de tristeza desinteresada y que me pregunte si todo lo sucedido fue real o solo una cruel pesadilla.
Me siento paralizada porque a medida que pasan los días, me doy cuenta de que me va a ser más difícil ver tu cara, pero ya no te culpo, y te perdono.
Y continúo escribiendo porque cada palabra que te escribo, constata la realidad de nuestra vida juntos y al mismo tiempo te entrego sobre papel un pedacito de mi memoria para que la guardes con el trozo de mi corazón que te pertenece.
No sé si soy feliz. Me siento inquieta y los párpados me pesan. Por un momento me permito el lujo de dejar la mente en blanco y mirar al cielo gris. Y entonces, apareces por mi cabeza caminando con pasos fugaces, tan sigilosamente que quiero pensar que es para no desconcentrarme. Suena una preciosa melodía y ya te veo más de cerca. Al segundo te miro a los ojos para intentar leer lo que me quieres decir y de pronto lloro porque comprendo que puede que sea la última vez que te vea de esta manera.
¿Por qué te resulta tan difícil decirme dónde estás? Atravesaría por ti un campo de fuego con los pies descalzos y un río helado sin respirar. Y a cambio, solo me das silencio. Un silencio que mata, que hiere más que cualquier palabra desagradable.
Mándame una caricia, un abrazo o un beso y dime que compartes mi agonía. Libérame de este peso mortal y déjame ir contigo porque ya no soporto más la incertidumbre de saber si estoy o no presente en tu vida.
Cierra los ojos y mírame aunque sea la última vez que lo haces. Siente como me despido de ti hasta que me hagas digna de tu compañía, hasta que te atrevas a quererme del mismo modo que yo te quiero a ti y por último recuerda esta carta arrugada por el agua seca que emanan mis ojos y que es el fruto de mi sufrimiento.

El desesperado reino del amor es el texto que escribí el 1 de Febrero de 2011 y que presenté al VIII Certamen Cartas de Amor Villa de Quiroga.
Llevo dos meses esperando la resolución del concurso y antes de ayer, por fin recibí esa llamada que tanto tiempo llevaba esperando.
Estoy muy contenta por haber ganado el 2º premio y supongo que este es un paso más del largo camino que inicié hace años y por el que aún me queda mucho que andar.

4 comentarios:

  1. Enorabuena. Es muy bonito y romántico me ha hecho llorar. Bss

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  2. Ohhh!!! Que romantico, es... precioso, de verdad, me ha emocionado. Enhorabuena Cris.

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