lunes, 21 de febrero de 2011

Ángel con grandes alas de cadenas

Hace tiempo que barajo la posibilidad de dedicarte una entrada con uno de los textos que escribí durante tu enfermedad.
Me cuesta dejar constancia del dolor y sufrimiento de aquellos días. Pero creo que, una vez más, vale la pena ser fuerte, no sólo porque tienes que formar parte de todo lo importante de mi vida sino por todos los que sufren tu ausencia. Para que sepan que no están solos en la ardua batalla iniciada en tu despedida.
Este texto, al que titulé "Ángel con grandes alas de cadenas", como el último verso del poema de Blas de Otero con el que lo encabezo ("Ángel fieramente humano") lo escribí, como indica la fecha del final, el 1 de Septiembre de 2010. Faltaban más o menos tres meses para que te fueras y sin embargo; intuí lo que pasaría. Tal y como escribo, poco antes de morir dejaste de hablar y el cielo lanzó sobre nosotros un aguacero intermitente que duró varios días, como si no fuera suficiente la tormenta permanente que ya, no nos dejaría.

ÁNGEL CON GRANDES ALAS DE CADENAS
Luchando cuerpo a cuerpo con la Muerte
al borde del abismo estoy clamando a Dios.
Y su silencio retumbando ahoga mi voz en el vacío inerte.
¡Oh Dios! Si he de morir quiero tenerte despierto.
Y noche a noche no se cuando oirás mi voz.
¡Oh Dios! Estoy hablando solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano y me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser y no ser eternos fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Ángel fieramente humano

(Blas de Otero)

Existe una marea en los asuntos de los hombres que tomada en pleamar conduce a la locura. Nada importa cuando el camino del delirio ha sido iniciado. Ya en el primer paso descubres la tortura física y mental de la muerte. Llega silenciosa, pisando el suelo verde que antes te pertenecía con sus zapatos de algodón negro. Hiede a podrido cada pisada seca, convirtiendo en  ceniza cada trozo de ti. Lo consigue, te divide en partes, creo que aún tienes algunas puras, pero las que ya ha tocado con su mano de esqueleto asesino son cáncer. Indoloro, pero sucumbes a su guadaña sin darte cuenta. No es que no luches pero, poco a poco se apagan tus ojos, esos que hasta ahora alumbraron el camino por el que avanzo. Y entonces se me presenta la duda: ¿Seré capaz de caminar sin la luz que me guía?
Solo me queda esperar, callada, a que el viento deje de mecerte en tu infancia imaginaria, a que dejes de revolverte en tu lecho de fin, a que te dejes llevar suavemente por el sueño eterno.
Cesarán las palabras y lloverá. La vida será rara porque no vas a estar para decirme solo palabras, porque no veré tu cara real, porque ya no me verás nunca más.

01/09/2010